miércoles, 22 de abril de 2015
Ladrones que están mejor que tu
Hace unos días, luego de creer que ya conocía Bogotá, me encontraba de camino a la universidad, de pie en el bus, atrapado entre una masa inmensa de personas cuyas vibras me hacían sentir estrés afán y desespero, estaba intentando evitar al máximo posible cualquier contacto fisco incomodo y comprometedor que pudiera tener con algún/a desconocido/a, pero con la ayuda de un tubo endeble ubicado en el techo del bus y de algunas espaldas y cabelleras esto fue casi imposible. Existía un pensamiento común entre la mayoría de los pasajeros de aquel bus, el cual era - "si alguien mas se sube de aquí no salgo sano" - y de repente en un lamentable descuido del conductor mientras se detenía frente a un semáforo, un hombre casi de las proporciones de un gigante subió al bus. Muy bien presentado y con un aspecto confiable entro a los empujones haciéndose un espacio entre la multitud, traía una corbata azul con rayas blancas y un traje a su justa medida. Las razones por las que lo recuerdo no son precisamente por que me haya parecido elegante o pinta, sino por que entre tan desesperados intentos por lo que parecía ser el esfuerzo por acomodarse de aquel hombre, y entre tanto roce y contacto físico sentí algo nuevo, algo que nunca antes había experimentado, cosas extrañas sucedían en mi bolsillo izquierdo, justo donde tenia mi celular. Baje mi vista y vi la repugnante mano de aquel "hombre elegante" sujetando una de las esquinas de mi celular, ya con el impulso para robarlo y guardarlo en su colección de logros diarios. Es por eso que desde ese día entendí que desde el ladrón pequeño hasta el político están metidos en un asqueroso negocio rentable.
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