Ha pasado una semana agotadora, llena de actividad, trasnocho y estrés, te cansaste de andar en bus y de madrugar todos los días, los 5 minutos mas de sueño luego de despertar tras un chirriante sonido de alarma son de lo mejor que ha tenido tu semana y de una manera inesperada, casi sin darte cuenta (en realidad si lo esperabas, contaste días horas minutos y segundos esperando que llegara) ya es viernes. Al fin el día mas feliz de la semana ha llegado, y sales de tu universidad, de tu trabajo o de lo que te tenga agobiado pensando en cadenas que se rompen, en aves que huyen de sus jaulas y te sientes de esa misma forma, tu regreso a casa en un bus con mil personas es mas soportable, unos minutos de trancón se vuelven soportables y emanas salud y amabilidad. Hay algo que te tiene con los niveles de dopamina en el cielo, una deliciosa rumba.
Cualquier ser humano lógico pensaría que luego de una agotadora semana, de trasnochar y madrugar lo ideal sería descansar, dormir y comer, pero en realidad todo es al contrario y aun así mucho mejor de lo que parece. En lugar de no hacer mas actividades bailamos como locos, en lugar de dormir temprano rumbeamos hasta amanecer, en lugar de comer bien bebemos alcohol como locos, seguramente lo único que cambia es que al final de la rumba llamamos un cómodo taxi.
viernes, 24 de abril de 2015
miércoles, 22 de abril de 2015
Ladrones que están mejor que tu
Hace unos días, luego de creer que ya conocía Bogotá, me encontraba de camino a la universidad, de pie en el bus, atrapado entre una masa inmensa de personas cuyas vibras me hacían sentir estrés afán y desespero, estaba intentando evitar al máximo posible cualquier contacto fisco incomodo y comprometedor que pudiera tener con algún/a desconocido/a, pero con la ayuda de un tubo endeble ubicado en el techo del bus y de algunas espaldas y cabelleras esto fue casi imposible. Existía un pensamiento común entre la mayoría de los pasajeros de aquel bus, el cual era - "si alguien mas se sube de aquí no salgo sano" - y de repente en un lamentable descuido del conductor mientras se detenía frente a un semáforo, un hombre casi de las proporciones de un gigante subió al bus. Muy bien presentado y con un aspecto confiable entro a los empujones haciéndose un espacio entre la multitud, traía una corbata azul con rayas blancas y un traje a su justa medida. Las razones por las que lo recuerdo no son precisamente por que me haya parecido elegante o pinta, sino por que entre tan desesperados intentos por lo que parecía ser el esfuerzo por acomodarse de aquel hombre, y entre tanto roce y contacto físico sentí algo nuevo, algo que nunca antes había experimentado, cosas extrañas sucedían en mi bolsillo izquierdo, justo donde tenia mi celular. Baje mi vista y vi la repugnante mano de aquel "hombre elegante" sujetando una de las esquinas de mi celular, ya con el impulso para robarlo y guardarlo en su colección de logros diarios. Es por eso que desde ese día entendí que desde el ladrón pequeño hasta el político están metidos en un asqueroso negocio rentable.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)